Sueños de Niños


El mundo del fútbol llora cuando un icono cuelga las botas. Xavi, Iniesta, Puyol, Xabi Alonso… No importan bufandas, ni colores, solo el respeto a leyendas que han marcado una época en el fútbol mundial y, por supuesto, en el fútbol español. Época que tardaremos décadas en volver a disfrutar y que, con el tiempo, valoraremos más y mejor.

Se nos va otro de esos jugadores de los que no hay una mala palabra sobre ellos, de los que representan valores que parecen estar extinguiéndose en el mundo del fútbol. Se nos va Don Fernando Torres, para muchos, únicamente El Niño, nuestro Niño.

Porque para los miles de niños y niñas que, como yo, hemos crecido viendo a un chavalín galopar por las bandas del Calderón, enseñándonos y recordándonos día tras día lo que es ser (del) Atlético de Madrid, aún estando a cientos de kilómetros de su casa, se marcha de los terrenos de juego nuestro referente futbolístico, espejo, ídolo, icono, leyenda… Y, con todo ello, una parte de nuestra infancia.

Para siempre quedarán  los cientos de goles que ha marcado, los títulos, las victorias, los récords y los logros deportivos. Pero yo, por encima de cualquiera de estas cosas, siempre recordaré las veces que, vestida del Atleti de arriba abajo, salía a hacerme la foto al césped del Calderón cuando empezaba a entender algo del rojo y blanco. Era incapaz de salir mirando a cámara, siempre salía buscando a Torres (y también mirando al Mono Burgos algo asustada).

Al final, quién me lo diría, conseguí una foto únicamente con él. Fue en Vallecas, 15 años después. Subió al autobús a dejar el neceser, tras un partido de Copa frente al Rayo, y bajó a hacerse una foto cuando yo ya pensaba que no iba a molestarse en bajar. Lo hizo y le pude dar las gracias en persona. Y también pude salir mirando a cámara, por fin. Fue entonces, cuando cumplí un sueño y pude conocer en persona a quien he tenido de referente desde que tengo uso de razón.

“Solo es un futbolista”, pensarán muchos. Bueno, digamos que, es mucho más que eso y lo será, pero es muy difícil de entender y de explicar. Al igual que lo es expresar cómo sonaban sus goles en el Vicente Calderón, cómo vibró el campo cuando se besó el escudo en el último partido en casa, cómo se agarró al banderín de córner custodiado por el ramo de Margarita, cómo besó el césped cuando regresó después de su viaje eterno por tierras inglesas, cómo llenó el Calderón en su regreso, cómo lloramos todos cuando cogió el micro para despedirse de su sitio, de su hogar, y cómo levantó su primer título con el escudo que hoy representa al 100%.

Gracias Niño, de verdad, de corazón.

Solo una última cosa, ya dicha por Saúl, otro de esos niños que crecieron contigo: Vuelve a casa, vuelve pronto. Porque hasta que eso no suceda, el Atlético de Madrid, que no anda en sus mejores tiempos en cuanto a identidad y pertenencia se refiere, será menos Atlético de Madrid.




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