El mismo cuento de siempre


Atlético de Madrid y Real Madrid se vieron las caras anoche en el primer derbi de la historia del Metropolitano. El escenario era diferente al de los últimos años, pero la rivalidad, las ansias de ganar y de mandar en la capital estaban intactas.

El partido comenzó con un minuto de silencio en honor a Rivilla y con el himno rojiblanco cantado a capella en el primer lleno absoluto de la era del nuevo campo. Partido grande y decisivo para intentar coger la estela del Barcelona. A ambos equipos solo les valía la victoria y, sin embargo, el partido acabó con resultado gafas y reparto de puntos.

El Atlético salió muy bien plantado al terreno de juego, se hizo con el dominio del juego en la primera media hora de partido. Sin balón no sufría y con balón pisaba área rival. Correa pudo cambiar el devenir del encuentro con una ocasión que desbarató en el minuto 2 de esas que no se pueden fallar en partidos así. A partir del 30, el Real Madrid comenzó a despertar acumulando jugadores en banda izquierda y dando la batuta a Isco. La tuvo Kroos y, justo antes del descanso, también Ramos, en una de las acciones que más está dando de qué hablar.

Lucas fue a despejar el centro y el defensa se tiró en plancha a rematar, con la mala fortuna de que Ramos sufrió un golpe en la nariz en el intento de despeje de Lucas. Un lance del juego cualquiera se ha convertido en una acción que copa portadas, reclamando penalti a Fernández Borabalán cuando ni los propios jugadores blancos lo protestaron en el momento. ¿Qué se supone que tenía que haber hecho Lucas, no intentar despejar, no subir la pierna? Porque cuando ese tipo de acciones suceden durante un partido cualquiera, no es ni juego peligroso si el jugador que recibe el impacto agacha la cabeza.

Hoy, como siempre cuando algo no perjudica a los blancos, parece que salir con el tabique nasal fracturado es motivo suficiente para pedir penalti y hablar de "robo". Como siempre, hoy solo se habla de los posibles errores arbitrales a favor de un equipo. No se habla de la posible mano de Cristiano, pero sí de la de Godín, tampoco del empujón de Carvajal a Correa dentro del área, ni de la falta que dos jugadores hicieron a Carrasco parando un gran contraataque conducido por el belga, acabando en el suelo después de recibir dos faltas anteriores. Todo como siempre.

La segunda mitad no cambió demasiado respecto a la primera. El Atleti salió lanzado del túnel de vestuarios dispuesto a imponer su ley en su casa. El mediocampo rojiblanco despertó con Saúl y Gabi iniciando la presión y recuperando la posesión. El Madrid no estaba cómodo, Koke empezó a ayudar a Juanfran en el flanco derecho y ni Cristiano ni Benzema aparecían. Aún así hoy se puede leer que el Atleti se encerró atrás y jugó al pelotazo, como siempre. Qué partido visteis me pregunto yo.

Los encontronazos y las interrupciones del juego eran constantes. La tensión iba creciendo con el paso de los minutos y Simeone decidió mover ficha en una clara demostración de ir a por el partido, de que se podía. Carrasco sustituyó a Thomas, entró un hombre veloz de banda y salió un centrocampista defensivo. Quién te ha visto y quién te ve, Cholo. La realidad es que la entrada de Yannick hizo mucho bien al Atleti estirando el campo con sus galopadas y generando mucho peligro en el área rival. Cuánto se le ha echado de menos.

La verdadera revolución llegó cuando el técnico argentino apostó por Torres y Gameiro, quitando a Correa y a Antoine Griezmann, que sigue sin ver portería, sin generar peligro, sin ayudar en ataque al equipo. Griezmann volvió a estar apático, sin ganas y volvió a ser intrascendente. Como siempre últimamente. Y, como nunca suele suceder con un jugador que porta el escudo del Atlético de Madrid, el francés fue despedido con una gran pitada mientras que el Cholo se desvivía en el área técnica por defender lo indefendible, pidiendo aplausos. Nosotros también defendemos a nuestra familia Cholo, siempre que vemos que están orgullosos de pertenecer a ella.

El contraste fue la entrada de Fernando Torres, que, también como siempre, recibió una atronadora ovación. Pocos serían conscientes de que, en aquel momento, el Niño de todos los atléticos estaba igualando en partidos a un tal Luis Aragonés. Y a mí no se me ocurre nadie mejor para ello. Nadie. De hecho, Torres y Gameiro protagonizaron la mejor ocasión de los suyos en la segunda parte. Torres cogió la moto y Kevin intentó una vaselina que Varane despejó en la misma línea de gol. En un minuto ya habían generado más que Griezmann en el último mes.

El Madrid apretó en los últimos diez minutos, con saques de esquina que paralizaban el Metropolitano. Pudieron decidie el partido en una ocasión de Cristiano que un Lucas inmenso durante todo el partido se encargó de desbaratar. Para Mamá era fácil decantarse por un equipo, puesto que solo jugó un hijo y el otro Hernández vio todo el partido en su nueva casa, el banquillo.

Al final, el partido acabó con un empate sin goles que sabe a nada a ambos equipos, donde sí hubo un ganador: el Barcelona. Los de Valverde, como siempre, hicieron sus deberes, siguen líderes y amplían la diferencia de puntos con Atleti y Madrid, que ya están a diez. Ni Cristiano ni Griezmann recordaron qué es aquello de marcar goles y ni el Madrid ni el Atleti fueron capaces de desnivelar un partido que se pudo llevar cualquiera.

Aún así, se pueden sacar conclusiones positivas. No hay nadie intocable en el Atlético de Madrid, los jugadores volvieron a hacer gala de su intensidad durante los 90 minutos y, pese a que muchos se empeñen en hablar de "robo", la realidad es que al todopoderoso Real Madrid le cuesta un mundo ganar a los "segundones". Le faltó el cartelón de descuento que dice aquello de "Hasta que gane el Madrid". Sin 12 no pueden. El mismo cuento de siempre.

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