El golpe sobre la mesa que hacía falta

Para algunos será duro volver a escuchar, leer o asimilar que el Atlético de Madrid vuelve a reinar en Europa. Lógico, porque cualquier otro equipo se habría sumido en un largo estado depresivo tras perder dos finales de Champions contra el eterno rival (en penaltis y en el descuento) y tras caer eliminados de la máxima competición europea sin pasar de fase de grupos.
Sin embargo, el Atlético se aferró a la palabra de su profeta, Diego Pablo Simeone, y convirtió una gran decepción en la oportunidad de volver a visitar a Neptuno a final de temporada. Así lo hizo, llegó y ganó en Lyon, Griezmann se quedó y la directiva rojiblanca emprendió el proyecto deportivo más ambicioso de la historia del club. Los grandes fichajes aterrizaron en la capital (de nuevo rojiblanca): Lemar, Rodri, Gelson, Arias... Jugadores de primer nivel para asegurar la profundidad de plantilla al técnico argentino y una feroz competencia interna.
No todo fueron buenas noticias, porque hubo que reponerse de la marcha de dos leyendas del Atlético, como han sido, son y serán Gabriel Fernández y Fernando Torres. Se auguraba una temporada plagada de éxitos y buenos resultados, algunos hasta se atrevían a faltar la palabra del Cholo y situar al equipo en la final de la próxima Champions. Herramientas había para competir, faltaba ver cómo encajaban. Y no lo hicieron de la mejor forma posible en la pretemporada. Pocos minutos de los jugadores de la primera plantilla, muchos para una cantera que promete y va a dar mucho de qué hablar, y varios jugadores recién llegados y faltos de rodaje tras la cita mundialista, algunos, con una nueva estrella bordada en el pecho.
Y así, como quien no quiere la cosa, llegó el 15 de agosto, el día en el que se disputaba un nuevo derbi en la cumbre europea. El Atlético se volvía a medir a su "bestia negra" en Europa (porque en la Liga los números eran opuestos) y muchos, demasiados diría yo, auguraron un desenlace idéntico al de Lisboa y Milán antes de que el árbitro señalara el principio del partido. Penalti a favor del Madrid hubo, gol de Ramos hubo, incluso apareció Bale en otra final, pero nadie parecía contar con el talento innato y el olfato goleador de un delantero cuestionado siempre en La Roja: Diego Costa, al que solo le faltó guiñar el ojo a su ex seleccionador después del recital mostrado en el terreno de juego.
Ramos y Varane no pudieron con la pantera y tampoco pudo el Madrid con un Atlético que parecía hundido tras encajar el gol de penalti, pero que, como siempre, aguantó de rodillas, se curó las heridas y acabó poniéndose en pie. Con Simeone en la grada, las decisiones técnicas fueron excepcionales. La entrada de Vitolo, Correa y Thomas dio equilibrio, toque y refresco al equipo. La salida de Casemiro, sin embargo, dejó descubierto al Madrid en mediocampo, situación que aprovecharon Koke y Saúl para mostrar su gran llegada desde atrás y sentenciar el partido. Con un Juanfran criticado por muchos por provocar el penalti y que fue objeto de burla de la afición madridista, el "falla penaltis" ganó el pulso a Marcelo en un balón dividido e inició la jugada del gol del empate. Sí, con Juanfran empezó todo. Jugadores así siempre en mi equipo.
El Atleti se rehizo, creyó, insistió y competió hasta el éxtasis. Costa se señaló su nombre delante de la afición rival, aunque no creo que nadie lo olvide; Saúl volvió a marcar uno de esos goles "normalitos" a los que nos tiene acostumbrados, para después celebrar haciendo el arquero con `El Niño´ tan presente como siempre; y Koke estrenó la capitanía sentenciando y volviéndose a besar el escudo, como tantas veces ha hecho.
Una victoria plagada de detalles y pequeños gestos que demuestran que, pese a que el Atlético ha alcanzando el máximo nivel de exigencia y rendimiento, mantiene su esencia intacta. Godín levantando el trofeo, Courtois mirando el móvil, Lucas y Giménez acudiendo a su cita con Neptuno, Rodri viendo cumplido su sueño desde niño, Saúl y Koke abrazándose y Ramos entregando la corona a Griezmann. El Balón de Oro, por cierto, parece tener un claro dueño.
El Atlético de Madrid sigue ganando títulos con Simeone a la cabeza, por fin ha logrado destronar al Real Madrid y quitarse un lastre que parecía pesar demasiado y que le permite soñar y creer más fuerte que nunca. La temporada empieza de la mejor forma posible, solo el destino sabe qué deparará en el futuro a un equipo que aspira a todo. Hemos vuelto a tocar el cielo, ahora, bajemos a la tierra, abrochémonos el mono de trabajo y disfrutemos, que esto no ha hecho más que comenzar y el Valencia nos espera.

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