El Principito vuelve sin su corona
El retorno de Antoine Griezmann al Atlético de Madrid ya es una realidad. Vuelve en calidad de cedido, dos años después de su polémica salida del club rojiblanco, y lo hace tras haberse bajado del pedestal al que llegó a subir siendo jugador del Atlético. Porque, primero en el Calderón y luego en el Metropolitano, Griezmann se forjó como futbolista, abrazado siempre por su principal valedor: Diego Pablo Simeone. Sin él no se entendería la vuelta del francés y sin él no se entendería que Griezmann, en su día, llegara a acercarse a esa mesa en la que solo comían Cristiano o Messi -quienes también han cambiado de equipo y veremos si se siguen repartiendo ellos solos el pastel-.
De rojiblanco, fue finalista del Balón de Oro en dos ocasiones (2016 y 2018), se proclamó campeón del mundo, llegó a dos finales de Champions, ganó una Europa League, una Supercopa de España y una Supercopa de Europa. En lo puramente estadístico, marcó 133 goles y dio 50 asistencias en 257 partidos, repartidos en cinco temporadas, convirtiéndose en el 5º jugador más goleador de la historia del club. En competiciones europeas, solo un tal Luis Aragonés ha marcado los mismos goles (27) que Antoine Griezmann, precisamente, el histórico dorsal 8 que deja libre Saúl Ñíguez y que podría heredar el jugador francés.
Y lo que es mucho más importante que todo eso: vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid, Griezmann se dejó la piel en cada segundo sobre el campo. Trabajó y se sacrificó como el que más. Llegó a ser el gran ídolo de una afición que no entendió por qué hizo de su salida un espectáculo rocambolesco que empañó su brillante trayectoria en el club. De "la decisión" de quedarse, a salir la próxima temporada destino Barcelona con el pretexto de "querer ganar la Champions".
Sin embargo, el destino quiso que el Barça acabara recibiendo un 2-8 del Bayern de Múnich y, al año siguiente, el Atlético acabara ganando la liga, con Luis Suárez en el campo, pero de rojiblanco. En su dos temporadas vistiendo la camiseta del Fútbol Club Barcelona, Antoine Griezmann nunca ha llegado a ser el futbolista que llegó a ser con el Atlético, ni en el fondo ni en la forma. Y, pese a ello, se despide del Camp Nou dejando una respetable cifra de 20 goles y 13 asistencias en la pasada temporada.
El Príncipe ha perdido su corona y, ahora, tiene que tratar de recuperarla, al igual que el cariño y el respeto de una afición, la colchonera, a la que tuvo rendida a sus pies durante cinco temporadas. En el recuerdo quedan frases imborrables como aquella de "Quisiste tener un nombre y se te olvidó ser hombre" que mostró la grada del Metropolitano en la primera visita de Griezmann como culé, o las palabras de su mujer, Erika Choperena, en el famoso documental que emborronó todo: "Aquí -en el Atlético- puedes entrar en la historia, allí -en el Barça- siempre serás uno más".
El tiempo ha dado la razón a Erika y ha devuelto a Antoine al lugar donde mejor jugador y más feliz ha sido: el Atlético de Madrid. La acogida y adaptación del francés no serán fáciles, como tampoco lo fue la de Álvaro Morata, un claro ejemplo de que, en el fútbol, el rendimiento y el compromiso hacen olvidar cualquier herida del pasado. Estoy absolutamente convencida de que Griezmann también lo conseguirá.
Y para los que, con sus motivos y razones, se oponen radicalmente a la vuelta del francés, cabe recordar lo que sucedió en la temporada 2013-14, cuando el Atlético también se proclamó campeón de liga: se fueron pilares del equipo (Filipe Luis, Diego Costa, Arda Turan...) y hubo que empezar un proyecto desde cero. Ahora, que el equipo es vigente campeón, la película ha cambiado: los mejores (Llorente, Oblak, Koke, Carrasco, Correa...) se quedan y vienen jugadores que son campeones de la Copa América (De Paul), campeones olímpicos (Cunha) y campeones del mundo (Antoine Griezmann). Es, probablemente, el mejor mercado de fichajes de la historia del club, con Griezmann como la guinda de una plantilla que aspira a absolutamente todo esta temporada. Y que ilusiona, ilusiona mucho. Por eso, disfrutemos de lo conseguido, ilusionémonos con lo que está por llegar y agradezcamos al de siempre, a Simeone, por estar donde estamos.
Ni qué decir tiene que, en términos económicos, la operación de Griezmann no puede ser más favorable: salió por 120 millones hace dos temporadas y regresa cedido, con compra obligatoria por 40 millones, la cantidad que abonaría el Chelsea por Saúl Ñíguez si el ilicitano continuase en Stanford Bridge al acabar el préstamo. El Atleti recupera a un jugador que quería volver y deja salir a un futbolista que no quería seguir. Una operación redonda, teniendo en cuenta que Saúl no era el mismo que hace dos años, ni Griezmann ha conseguido encontrar su hueco en el Barcelona, con o sin Messi.
¿Se hará un hueco Saúl en el Chelsea con los Kanté, Jorginho, Mount y compañía? ¿Conseguirá Griezmann volver a ser el jugador que fue con el Atlético en su segunda etapa? Lo empezaremos a descubrir después del parón internacional más inoportuno de los últimos años.
Mucha suerte y gracias, Saúl. Y bienvenido de nuevo, Antoine. Ojalá recuperes pronto tu corona.

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