Corazón herido, cabeza alta



Podría ser el título de una canción de Maná, o de Leiva, o el nombre de la próxima novela de Albert Espinosa, pero únicamente es el sentimiento de miles de personas con el corazón rojiblanco a las que anoche les costó conciliar el sueño y que hoy han amanecido con una mezcla de indignación y orgullo difícil de expresar.

Porque sienten que han vuelto a dejar escapar una oportunidad de imponer su filosofía ante la indiscutible hegemonía blanca en Champions y que no pueden reprochar absolutamente nada a los que dejaron el alma en el césped anoche, a pesar de haberlo merecido deportivamente en los 210’ de eliminatoria más que nunca. Y ni con eso ha sido suficiente por culpa de los dichosos intangibles, esos que hacen que la rigurosidad en las áreas dependa del color y del escenario, llámase suerte, llámese flor, llámese como se quiera.


Porque las estadísticas hablan por sí solas y  Courtois volvió a ser el mejor de los suyos. Porque los últimos apuntados a la causa -Reinildo y Gallagher- parecían saber que era esta la oportunidad que siempre llega de Diego Pablo y firmaron una actuación sobresaliente. Porque nunca se ha visto a un crack mundial de la talla de Julián Álvarez dar tal exhibición ofensiva y defensiva durante 120’. Porque el equipo generó lo suficiente y defendió como casi siempre para buscar lo que, no olvidemos, era una heroicidad. Porque Simeone volvió a demostrar manejar las eliminatorias a doble partido como nadie hasta poner en Jaque al Real Madrid como ninguno otro lo hace. El Mate llegará. Por supuesto que llegará.


Las 70.000 personas que hicieron el gol en el primer minuto de juego jamás dejarán a este equipo a la deriva después de un batacazo como el de ayer. Esas 70.000 -y muchos miles más- hoy se han plantado orgullosos su escudo al pecho y, con la cabeza alta, presumen de sus valores ante las miradas por encima del hombro de los que lucen en el escudo después de ganar y se señalan el parche de los títulos como su gran motivo de orgullo. El Atlético de Madrid no necesita parches, el Atlético de Madrid es alma, es resiliencia, es sufrimiento y es levantarse de cada golpe con más orgullo, con más fuerza, con más ahínco y fe que nadie. Y lo volverá a hacer. Que nadie lo dude.


Llegados a este punto la pregunta es clara… ¿Y ahora qué? Yo lo tengo claro: ahora más que nunca. Con Julián, con Llorente, con el líder que sigue haciendo que se vivan momentos que parecían reservados para otros, con los 70.000 que el domingo volverán a demostrar que ningún parche vale más que el orgullo y la fidelidad de los que nunca dejan de creer. Con el corazón herido sí, pero la cabeza bien alta.


Hoy nos mata, mañana nos dará la vida, como siempre ha hecho.





 

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